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sábado, 14 de octubre de 2023

 Por la mañana sigue saliendo el sol. 


La primavera lo inundo todo. 


Aún así, las ventanas de la casa siguen cerradas.


Dos meses comiendo pan y desidia. Volver a los quince y el patético/filoso juego: anorexia cornisa bulimia cornisa anorexia cornisa bulimia cornisa.    Abismo.     Me trague tantas mentiras todas juntas que hace rato llevo un nudo en el estomago. Se me hace imposible recordar el sabor a sopa de abuela. No puedo negar los estallidos de extrañitis, y me las vuelvo a comer todas juntas. 

Placer y masoquismo..

Me encerré de nuevo, hay días que ni salgo a ver el sol, hay días que no hablo, que no existo. La suerte o condena de vivir sola ayuda. No hace falta ni decir buenos días. La casa se lleno de silencio. Como el corazón, el alma. Una vez mas sin entender cual es mi lugar en el mundo, una vez mas sin la sed suficiente como para salir a buscarlo armada hasta los dientes. Con la seguridad suficiente para cortarle la cabeza a cualquier demoño que se interponga en mi camino. Son años ya conociendo mis miserias. 

Alguna que otra tarde, salgo un poquito, a que me pegue el sol en la cara, a que el bullicio pare un segundo al menos, a sentir que todavía soy cuerpo. Aprovecho los instantes de valentía y junto cuantas flores del jardín me entren en las manos, en los bolsillos, en la boca, cuando entro, las desplego con suavidad sobre la alfombra. Las guardo cuidadosamente una por una, las dejo donde me piden, las beso, les rindo culto. Solo las saco cuando la casa se llena de olor a mierda de nuevo.


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 Contigo todo es  era una fiesta.