Más de medio año siendo hueso y recuerdo.
Más de medio año pendiente de la tormenta.
Ayer sonreí al mirar el cielo. Había olvidado, al ser arrastrada por la ola, como era respirar profundo una mañana de lluvia. Como era caminar por la calle sin esperar nada del mundo.
Ya no desespero en este eterno celibato.
Finalmente, las heridas han dejado de doler tan profundo. La salmuera hizo su efecto. Respirar ya no me prensa el corazón. Rujen mis tripas por salir a regalar flores a las gentes, y sonrisas, y gemidos. La cama tiene ganas de dejarme ir a por ellos, de que salte al vacío gritando de alegría.
Hizo falta tirar abajo la casa, mudar de recuerdos. Cambiarme constantemente la peluca. Así salí, taconeando segura la vereda de mi corazón. Ya no me tiemblan las piernas cuando me miro al espejo.
Se prendió fuego el alma y resurgimos como ave fénix al fin.
Aún cuando mis alas parecen abrirse de par en par...

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