Pudrirme el corazón mirando tus ojos distantes. Por horas congelados frente al fuego, escupiéndonos el odio y el amor, el desquicio de sabernos pasto del mismo campo aniquilado por la sequía del impedimento. Terminamos de discutir y nos amamos como locos, enajenados. Después de acabar me dijiste te amo. Te pedí que te fueras en la noche más fría del año. Con el corazón sangrándome adentro y la estupidez rozando a la locura en un mar de lágrimas. Todavía me acuerdo, tus ojos de risueño pidiendo que te bese en secreto y yo tan cegada por el alcohol, siempre tan cegada, no tuve más remedio que cedértelos, todos y cada uno, hasta quedar devastada.
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