Veinticuatro horas juntas. Veinticuatro horas en las cuales, no quise desprenderme ni un momento del imán que significa tu piel para mi.
Nos tiramos, echadas, por todos lados. Quise mirar bien profundo adentro tuyo, me dejaste pasar hasta ahí.
Reíste como niña. Te bese lento como tramite de gobierno.
Quisiera, eternamente, capturar en un cajoncito de mi cuarto las sensaciones que construimos cuando tiradas, echadas, nos necesitamos. Entre susurros de gemidos que se disipan en esa nube gruesa y espesa de aire que se nos viene arriba. Como una bocanada de mar hirviente. Refrescante pero hirviente. De repente, un rezo suabe, casi como una súplica Al tiempo, al abismo del orgasmo, que se detenga y me deje ahí, tirada, echada, con tus muslos entre mis dedos, con tu furia toda tierna y entera salpicándome arriba.
Quisiera, nuevamente, guardarme este día como quien guarda el cariño de madre o la caricia de sol.
Quisiera, volver, una y otra vez a verte la cara al despertar.
ke
jueves, 8 de enero de 2026
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