Primaveran`t_
La casa era enorme, se llenaba de sol en cada primavera. Los benteveos y picaflores los acompañaban todas las mañanas mientras tomaban café en la ventana. Desde el centro del jardín se fundía con el oxígeno un olor a jazmines que lo abarcaba todo. Como el cariño. Lo abrazaba todo.
Ese verano, Ludmila se fue a la casa de su madre de visita. La vieja tetona vivía en una casona del prado. A tres horas de la casa de la primavera. Ludmila se jugó todo el amor en un suspiro, visitar a su madre fue la única opción que encontró para escapar por lo menos por unas semanas del bullicio. Cuando huir parece ser la única opción. Cuando el desprendimiento duele tanto, que hace falta prenderse fuego el alma y alejarse de todo aquello que una vez estuvo lleno de amor, todo aquello que hoy, el destino dejó vacío.
Se enojó consigo misma durante años, se enojó y lo lloró todo, abrazada a su almohada, a su vino favorito, a sus canciones de corazón roto. Ignorar las sapiencias intuitivas es un puñal mucho más doloroso que el del ego hecho añicos. Sabía en los huesos que los ojos de su amor le eran esquivos, mezquinos, mentirosos. Decidió ingenuamente confiar en sus palabras vacías, en sus te amo de ficción, encima, de bajo presupuesto. Con efectos especiales tan malos que los otros espectadores seguro cambiaron de película en los primeros diez minutos. Sin embargo, ella es de mirar las películas hasta el final para poder odiarlas con fundamentos.
Cuando volvió de su tortuoso retiro espiritual abrió todas las ventanas de la casa, quemó todos los sahumerios,los recuerdos, con la serenidad de quien sabe es momento de respirar con todos los poros la calma del adiós. Con la liviandad de quien no tiene nada más que perder, pues sabe, hace rato lo ha entregado todo.
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