Mi ropa, mi pelo y mis pestañas, quedaron con el olor a la casa del pibe que me cogí anoche impregnado. Así anduve todo el día hasta llegar a casa, sufriendo, por la ilusa idea de encontrarte de imprevisto. Y que me olieras, así, con olor a sexo y saliva ajena, sin olor a mi, a ti, con olor a otro. Que estúpida, si te viera sería yo quien te oliera ajeno. A bocanadas respiraría el olor de quien destruyó por completo mi ego. Que en realidad hace años vive con vos, es decir, en verdad, la otra siempre fui yo.
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