En mi velorio llovió todo el rato, y morí y me vieron morir.
Sonaba música y se encendieron velas, muchas velas. El amor era abundante. Mi mejor amigo, ese que había conocido dos días antes que parecieron décadas juntxs, me preparo para el evento, con cariño y paciencia. Lloró al despedirnos. La casa entera era un festín de emociones preciosas. Me vistieron de negro, me peinaron y llenaron de perlas.
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