Vos te fuiste y yo me quedé en una casa vacíamente llena de recuerdos.
Que fácil es la vida cuando comenzar de nuevo solo se trata de volver a casa y olvidar. Y seguir adelante por unas calles que no son las de antes.. Yo en cambio, tuve que armarme una y otra vez de mi coraza gigante. Cada vez que dormía sobre mis sábanas, cada vez que elegía una taza para el café en la mañana, cada vez que el corazón me apretaba las costillas por tu recuerdo que asechaba en todos lados. A cada lugar donde miraba había una parte de vos que antiguamente amanecía tibia.
Fueron muchos meses de renegar contra la vida. De buscar, entre la noche, las bebidas y los cuerpos un algo más ajeno a mi persona, algo que me sacudiera el espíritu un rato, con esa necesidad de sentir en los huesos nuevamente ese revoloteo de euforia provocado por un otro, por una vida ajena a la mía, por una sonrisa errática que aclame ser escuchada por mi nombre.
Así como quien no quiere la cosa, te fui echando de a poquito y a patadas en el culo de mi casa pequeña y petisa.
De repente la vida comenzó a saber a playa de rocha, casi nunca me visitaba tu nombre: digo casi porque a veces te sentía tan cerca que me encontraba mirando para todos lados, sintiéndote a dos metros de distancia sin verte, con ganas aún, de darte un abrazo y preguntarte como estabas; pese a todo lo malo, pese a la nube de egoísmo que siempre tomaste de la mano.
Comencé a enamorarme tontamente de una muchacha que parecía enamorarse tontamente de mi. Le regalé flores, la besé en los labios con el corazón palpitándome, como cuando se hace el amor por la noche y con cariño. Le pedí que no se marchara cuando la vida se pone peligrosa y duele. Nunca me prometió que se quedaría.
Se fue antes de tiempo. Yo como una tonta le dije de todo, de todo menos que se quedara. No pude pedirle que se quedara. Y eso te lo debo a vos, vil lector entrometido. Que seguís apareciendo en mis sueños, en el bondi, en todos lados. No pude pedirle que se quedara, a ella, que claramente valía el intento, la cachetada, valía la vigilia la tristeza y la congoja.
Un beso suyo era mucho mas que cien años tomando tu mano.
Más si mañana vuelves,
amor,
no niego ni afirmo
tomarte de la mano y saltar desde el abismo.
ke
jueves, 22 de agosto de 2024
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